Mi obra es una pintura cambiante que se presenta en el espacio como una escultura, una performance, un hecho escénico, un dibujo, un texto.  Es una experimentación en donde el cuerpo humano contiene versiones del paisaje, trabajo en pequeños formatos y en esculturas blandas a gran escala que desbordan la pintura de la superficie, atraviesan espacios y lenguajes. Hay heridas, arrugas, sexualidad, rupturas y una forma de habitar la materialidad. Hay tiempo, hay vejez. Planteo cuerpos fluidos y paisajes que se arman por medio de costuras, se pliegan, son simbióticos, ambiguos, degenerados.

En mis trabajos encontramos  piezas destinadas al cambio permanente, puede ocurrir que la misma pieza años más tarde se transforme en otra obra o desaparezca. Concibo la pintura como un ser vivo—dinámico, infinito—capaz de transformarse constantemente a medida que atraviesa el tiempo. Sin embargo, no todas mis obras comparten esta cualidad; algunas permanecen estáticas, resguardando su misterio en la quietud. En mi preocupación está encontrar los paisajes ocultos en mi cuerpo, aquellos que me han compuesto, los que recorro y descubro en mis desplazamientos.  La distancia,  la incertidumbre y el agobio del tiempo que transcurre aparecen en mis obras como una constante fantasmal de la cual, quizá sea posible escapar por algunos caminos en diferentes direcciones.